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Descubriendo… EL VATICANO

A pesar de contar con una superficie de apenas medio km², la Ciudad del Vaticano alberga una de las basílicas más imponentes del mundo, una de las plazas más grandes y conocidas del planeta, los Museos Vaticanos, la Capilla Sixtina y, por supuesto, el origen de su historia: la tumba de San Pedro.

Antes de adentrarnos en las zonas más conocidas del Vaticano, nos detendremos a contemplar una pequeña iglesia, la de Sant’Anna dei Palafrenieri (siglo XVI).

Interior de la Iglesia de Sant'Anna dei Palafrenieri.

Interior de la Iglesia de Sant’Anna dei Palafrenieri.

Museos Vaticanos

Vamos a comenzar nuestra visita en los Museos Vaticanos, para lo que será necesario sacar una entrada. Es aconsejable adquirirla online, ya que así evitaremos las largas colas que se forman a las puertas de los Museos. Recomiendo las visitas guiadas en español que permiten el acceso a los Museos, a la Capilla Sixtina y a la Basílica de San Pedro.

Los Museos Vaticanos constituyen, en realidad, un gran complejo formado por diferentes museos y galerías pontificias. En ellos podemos encontrar importantes obras de arte de las que solo comentaremos aquí una pequeña parte.

Dentro del Museo Pío Clementino se encuentra el célebre grupo escultórico del Laocoonte, que muestra como dos serpientes monstruosas asfixian a este sacerdote troyano y a sus dos hijos. La cronología de esta obra ha generado controversia pero, actualmente, se fecha en torno al 40-30 a.C.

Laocoonte (Museo Pío Clementino).

Laocoonte y sus hijos (Museo Pío Clementino).

En las estancias de Rafael encontramos el fresco de la “Liberación de San Pedro”, concretamente en la Estancia de Heliodoro, que muestra al primer Papa salvado del calabozo gracias a un ángel.

Liberación de San Pedro (Estancia de Heliodoro).

Episodio central del fresco “Liberación de San Pedro”(Estancia de Heliodoro).

Otra de las estancias de Rafael es la Estancia del Sello, donde veremos la célebre pintura de la “Escuela de Atenas”. En este fresco podemos reconocer en el centro a Platón, con el rostro de Leonardo, junto con Aristóteles. También aparecen otros personajes de la antigüedad como el filósofo Heráclito, con los rasgos de Miguel Ángel, o Euclídes, que se parece a Bramante. El propio artista pintó su autorretrato en el extremo derecho, es el personaje con gorra que mira al espectador.

"Escuela de Atenas" (Estancia del Sello).

“Escuela de Atenas” (Estancia del Sello).

Capilla Sixtina

Tras visitar los Museos Vaticanos, tendremos acceso directo a la archiconocida Capilla Sixtina, que debe su nombre al Papa Sixto IV. En ella tiene lugar el cónclave para elegir al nuevo Papa, instalándose la famosa chimenea por la que vemos el humo negro o blanco.

Destacar las pinturas de la bóveda, realizadas por Miguel Ángel en unas difíciles condiciones de trabajo, en cuya parte central están representadas las Historias del Génesis, desde la Creación hasta la Embriaguez de Noé. El artista italiano, años después, también pintó en la pared del altar el Juicio Universal, que generó una gran polémica por los numerosos desnudos que presentaba.

Basílica de San Pedro

El mayor templo de la cristiandad se erige sobre la tumba de San Pedro, de la que hablaremos más adelante. El Papa Julio II mandó levantar la Basílica actual al arquitecto Bramante y en 1506 comenzaron las obras. La muerte del Papa y de Bramante paralizó su construcción pero, gracias al trabajo de Rafael Sanzio, Miguel Ángel, Maderno y otros artistas, se logró terminar la colosal tarea. La Basílica fue finalmente consagrada en el año 1626.

Interior de la Basílica de San Pedro.

Interior de la Basílica de San Pedro.

En su interior destaca el enorme baldaquino de bronce situado sobre el altar mayor, obra de Bernini, que también se encargó de la ventana ovalada con la paloma del Espíritu Santo. También podremos contemplar “La Piedad” de Miguel Ángel, una de sus primeras esculturas y la única que firmó. Además, dentro de la Basílica veremos la estatua de San Pedro, por la que muchos fieles pasan para besar o tocar su pie y las tumbas de Juan Pablo II y Juan XXIII.

'La Piedad', obra de Miguel Ángel.

”La Piedad”, obra de Miguel Ángel.

Tumba del Papa Juan XXIII.

Tumba del Papa Juan XXIII.

El templo tiene cinco puertas, siendo una de ellas la de la Muerte, por la que pasa el difunto pontífice. La que se encuentra tapiada es la puerta Santa, que solo se abre cada Jubileo. En el suelo de la Basílica aparece reflejado el tamaño de otros templos de la cristiandad, lo que nos hace darnos cuenta de la magnitud de la obra en la que nos encontramos.

Paloma del Espíritu Santo.

Paloma del Espíritu Santo.

Si alzamos la mirada podremos contemplar la grandiosa cúpula diseñada por Miguel Ángel, a la que subiremos a continuación.

Si quieres evitar el primer tramo de subida, el más sencillo, puedes coger el ascensor (7€). En caso contrario, después de 5€ y 551 escalones habrás alcanzado la parte más alta de la cúpula.

La primera parada es una terraza que da acceso a la base de la cúpula. Nos adentraremos en la Basílica de San Pedro, pudiendo contemplar tras una reja metálica a los cientos de visitantes del templo. También veremos la inscripción en latín en la base de la cúpula que dice: “Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi iglesia y te daré las llaves del reino de los cielos”. Si levantamos un poco la cabeza, observaremos otra inscripción en latín: “Para la gloria de San Pedro, Sixto V, papa, en el año 1590 y el quinto año de su pontificado”.

Vista de la Basílica de San Pedro desde el interior de la cúpula.

Vista de la Basílica de San Pedro desde el interior de la cúpula.

Vista del interior de la cúpula.

Vista del interior de la cúpula.

Después de abandonar el interior de la Basílica de San Pedro, continuamos con la subida a la cúpula. Primero ascenderemos por unos pequeños peldaños rectangulares, seguiremos por el tramo de la escalera en espiral y continuaremos por una escalera que se va estrechando a medida que avanzamos. Algunos se detienen a descansar, apoyados en los ventanales, pero nuestro camino prosigue por unos escalones metálicos. Finalmente, con ayuda de una cuerda para subir los últimos peldaños, vemos la luz y la Ciudad del Vaticano y Roma quedan a nuestros pies.

Vistas desde la cúpula de la Basílica de San Pedro.

Vistas desde la cúpula de la Basílica de San Pedro.

Plaza de San Pedro

La conocida Plaza de San Pedro, construida en el siglo XVII por Gian Lorenzo Bernini, parece acoger con los brazos abiertos a toda la cristiandad, como podemos observar en la fotografía anterior. Sobre la balaustrada encima de las columnas vemos estatuas de santos, que fueron realizadas por discípulos de Bernini.

El gran obelisco egipcio que se encuentra en el centro de la plaza era el que se alzaba en el circo de Nerón, por lo que fue testigo silencioso de la muerte de San Pedro. Domenico Fontana trasladó el obelisco hasta su posición actual por orden de Sixto V. En la plaza también podemos contemplar dos fuentes, una diseñada por Bernini y otra por Maderno.

Vista de la Basílica de San Pedro desde la Plaza diseñada por Bernini.

Vista de la Basílica de San Pedro desde la Plaza diseñada por Bernini.

Obelisco egipcio situado en el centro de la Plaza de San Pedro.

Obelisco egipcio situado en el centro de la Plaza de San Pedro.

Necrópolis Vaticana

Bajo la Basílica de San Pedro, oculta para la mayoría de los ojos, se encuentra uno de los orígenes del catolicismo, la piedra sobre la que se edificó la Iglesia, la tumba de San Pedro.

El Apóstol Pedro fue crucificado en el Circo de Nerón, situado en la Colina Vaticana, siendo enterrado en una necrópolis no muy lejos del lugar de su martirio. Como ya expliqué en una entrada anterior, en las necrópolis podemos encontrar tanto tumbas cristianas como paganas. A finales del siglo II o principios del siglo III, Gaio escribió acerca de la localización de la tumba del Apóstol haciendo referencia al trofeo colocado sobre ella: “Yo puedo mostrarte los trofeos de los Apóstoles. Si vas por el Vaticano o por la Vía Ostiense, hallarás los trofeos de aquellos que fundaron esta Iglesia”. Gaio está haciendo referencia a las tumbas de San Pedro y San Pablo.

El emperador Constantino, a principios del siglo IV, hizo construir una basílica en Roma en el lugar donde Pedro fue enterrado. Posteriormente, esta basílica paleocristiana fue sustituida por la del Renacimiento. El Papa Pío XII, en 1939, ordenó una serie de excavaciones para tratar de determinar que, efectivamente, la tumba de San Pedro se hallaba bajo la Basílica. Tras varios años de investigaciones, se anunció que allí se encontraba la tumba del primer Papa que, sin embargo, estaba vacía. Los análisis de unos huesos humanos hallados pocos años después determinaron que estos pertenecían a un varón, de edad avanzada y complexión robusta, que vivió en el siglo I. Además, la tierra adherida a los huesos era la misma que se encontró en la tumba vacía, identificada como la del Apóstol. También se descubrió que los huesos habían sido envueltos en un paño de púrpura y oro, señal de que se trataba de los restos de alguien importante. Con todos estos datos, Pablo VI anunció en 1968 que se habían descubierto las reliquias de San Pedro.

Actualmente, se puede realizar un peregrinaje a través de la Necrópolis Vaticana, previa solicitud a la Oficina de Excavaciones. La entrada cuesta 13€ y no se permite el acceso a los menores de 15 años, a las personas con claustrofobia ni a quienes padezcan ciertas patologías que se puedan agravar por las condiciones de humedad y temperatura del lugar.

Si no puedes acudir a la Ciudad del Vaticano, siempre puedes realizar un viaje virtual bajo la Basílica de San Pedro.

Oficina de Excavaciones.

Oficina de Excavaciones.

Fotos: Raquel Pascual Antón

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