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Descubriendo…ROMA (II)

En esta segunda entrada sobre la ciudad eterna, dejamos de lado las ruinas romanas para sumergirnos en la Roma cristiana. De las imponentes basílicas a las pequeñas iglesias, pasando por una visita a las catacumbas. Unas albergan conocidas pinturas o esculturas, otras llaman la atención por sus mosaicos, pero todas tienen en común su elevado simbolismo.

San Pietro in Vincoli

Esta Basílica, conocida en castellano como “San Pedro Encadenado” fue construida en el siglo V. En su interior destacan las cadenas con las que San Pedro fue encarcelado en Jerusalén, junto con las cadenas de su cautiverio en la cárcel Mamertina de Roma que, según la tradición, se unieron formando una sola. Además, acoge la célebre escultura de Moisés realizada por Miguel Ángel.

Las Cadenas de San Pedro.

Las Cadenas de San Pedro.

Moises

Estatua de Moisés realizada por Miguel Ángel.

Santa María in Cosmedin

Esta iglesia fue construida en el siglo VI sobre los restos del Templo de Hércules. En su pórtico encontramos la famosa Boca de la Verdad (Bocca della Veritá). Se trata de una máscara de mármol de forma circular, de 1,75 metros de diámetro, protagonista de numerosas leyendas. Una de ellas dice que un hombre, sospechando que su mujer era infiel, la llevó ante la Boca de la Verdad para comprobarlo. Ella, que efectivamente era infiel, fingió un desmayo y su amante la recogió en brazos. Entonces, esta mujer afirmó que solo había estado en los brazos de su marido y del hombre que la había sujetado, salvando así su mano de las fauces de la Boca de la Verdad.

Boca de la Verdad.

Boca de la Verdad.

Basílica de San Clemente

El interés de visitar esta basílica medieval reside en que bajo la actual se esconde otra basílica (del siglo IV) y, aún más en profundidad, restos de un templo dedicado a Mitra y de edificios romanos del siglo I. Se pueden visitar los tres niveles, pero realizando un pequeño pago para acceder a los niveles más profundos.

Santa María in Trastévere

En el popular barrio del Trastévere encontramos esta basílica del siglo XII. En su fachada podemos detenernos a observar el mosaico de la Virgen María con el niño Jesús y el campanario del siglo XII. En el interior, destacan los mosaicos del ábside y las columnas con capiteles jónicos y corintios que provienen de las Termas de Caracalla.

Fachada de la Basílica de Santa María en Trastevere.

Fachada de la Basílica de Santa María in Trastévere.

Interior de la Basílica de Santa María en Trastevere.

Interior de la Basílica de Santa María in Trastévere.

Basílica de San Pablo Extramuros

Nos encontramos ante la segunda basílica más grande de Roma, solo superada por la imponente Basílica de San Pedro en la Ciudad del Vaticano. En su interior encontramos la tumba del apóstol San Pablo junto con, según la tradición, parte de la cadena con la que estuvo detenido en Roma.

Parte de la cadena con la que San Pablo estuvo detenido en Roma.

Parte de la cadena con la que San Pablo estuvo detenido en Roma.

Lado del sarcófago, en mármol grueso, que contiene la tumba de San Pablo.

Lado del sarcófago, en mármol grueso, que contiene la tumba de San Pablo.

Debido al incendio producido en el año 1823, se conservan pocas partes del templo original (siglo IV), como el candelabro, el baldaquino de mármol o el claustro del siglo XIII. Si miramos hacia la parte superior de las paredes, veremos las efigies de todos los pontífices, estando solo iluminada la del Papa actual.

Interior de la Basílica de San Pablo Extramuros.

Interior de la Basílica de San Pablo Extramuros.

Efigies del Papa Francisco (iluminada) y del Papa emérito Benedicto XVI.

Efigies del Papa Francisco (iluminada) y del Papa emérito Benedicto XVI.

Ya en el exterior, en el centro del grandioso atrio se alza una estatua de San Pablo y en la fachada podemos contemplar los mosaicos realizados en el siglo XIX.

Atrio de la Basílica de San Pablo Extramuros.

Atrio de la Basílica de San Pablo Extramuros.

Santa María in Domnica

También conocida como Santa María alla Navicella, por la escultura romana de un pequeño barco que se encontraba frente a la iglesia. En su interior destaca el mosaico del ábside del siglo IX que vemos en la imagen.

Interior de la Iglesia de Santa María in Domnica.

Interior de la Iglesia de Santa María in Domnica.

Basílica de Santa María la Mayor

Según la leyenda de la nieve, la Virgen se apareció al Papa Liberio y al patricio Juan, pidiéndoles que levantaran un templo en su honor en el lugar que ella indicase. El 5 de agosto del 358 nevó en la colina del Esquilino, señal de que ése era el lugar escogido para construir la Basílica. Todos los años, cada 5 de agosto, una lluvia de pétalos blancos recuerda el “Milagro de la nieve”.

Exterior de la Basílica de Santa María la Mayor.

Exterior de la Basílica de Santa María la Mayor.

La tradición cuenta que el techo de la Basílica está cubierto por el primer oro que vino de América, regalo de los Reyes Católicos al Papa Alejandro VI. En su interior sobresale la Capilla Sixtina, mandada construir por el Papa Sixto V, que contiene la tumba de este pontífice y de Pío V. La Capilla Paulina o Capila Borghese presenta una arquitectura gemela a la Sixtina. Además, podremos contemplar mosaicos romanos del siglo V y la tumba de Bernini.

Interior de la Basílica de Santa María la Mayor.

Interior de la Basílica de Santa María la Mayor.

Capilla Sixtina de la Basílica de Santa María la Mayor.

Capilla Sixtina de la Basílica de Santa María la Mayor.

San Luigi dei Francesi

La Iglesia de San Luis de los Franceses (siglo XVI), situada cerca de la plaza Navona, es la iglesia nacional francesa en Roma. El principal interés reside en contemplar el conjunto de pinturas sobre el evangelista San Mateo realizadas por Caravaggio.

La vocación de San Mateo, de Caravaggio.

La vocación de San Mateo, de Caravaggio.

El martirio de San Mateo, de Caravaggio.

El martirio de San Mateo, de Caravaggio.

Santa Prassede

La Basílica de Santa Práxedes se esconde en los alrededores de la Basílica de Santa María la Mayor, pasando casi desapercibida. Sin embargo, en su interior alberga deslumbrantes mosaicos del siglo IX, especialmente en la capilla de San Zenón, y una parte de la supuesta columna sobre la que Jesucristo fue flagelado antes de su crucifixión.

Mosaicos de la capilla de San Zenón.

Mosaicos de la capilla de San Zenón (Santa Prassede).

Mosaicos en la capilla de San Zenón.

Mosaicos de la capilla de San Zenón (Santa Prassede).

Mosaicos de la capilla de San Zenón (Santa Prassede).

Mosaicos de la capilla de San Zenón (Santa Prassede).

Parte de la supuesta columna sobre la que fue flagelado Jesucristo (Santa Prassede).

Parte de la supuesta columna sobre la que fue flagelado Jesucristo (Santa Prassede).

Basílica de San Juan de Letrán

Ante nosotros se encuentra la iglesia más antigua de Roma (siglo IV), sede central de la Iglesia Católica hasta el siglo XIV. En la actualidad, gracias a diversas reconstrucciones, conserva su estructura primitiva pese a haber sufrido las consecuencias de incendios y un terremoto. En lo alto de la fachada podemos observar esculturas de Cristo y varios santos.

Exterior de la Basílica de San Juan de Letrán.

Exterior de la Basílica de San Juan de Letrán.

En el interior veremos el Fresco de Giotto, la tumba de Martín V, el mosaico del ábside (copia del siglo XIX) o el baldaquino.

Interior de la Basílica de San Juan de Letrán.

Interior de la Basílica de San Juan de Letrán.

Interior de la Basílica de San Juan de Letrán.

Interior de la Basílica de San Juan de Letrán.

Catacumbas de San Calixto

Existen varias maneras de llegar a estas catacumbas. Nuestra opción fue coger el autobús 118 desde la Pirámide de Caio Cestio, que circula por la vía Appia Antica. En nuestro caso, el autobús no indicaba el nombre de las paradas, por lo que conviene estar atento a los nombres de las calles y a los postes de las paradas para no pasarse la entrada. Este autobús deja en medio de la carretera pero, si te has bajado en la parada correcta, verás enseguida la entrada al recinto de las catacumbas.

La entrada ordinaria cuesta 8€ y la reducida 5€. Los niños menores de seis años entran gratis. La visita es siempre guiada, en el idioma de cada turista.

Los romanos llamaban “necrópolis” a los lugares de enterramiento, es decir, “ciudad de los muertos”. Los primeros cristianos utilizaron el término “cementerio” para definir a su “lugar del sueño”, mientras que el término “catacumbas” quiere decir “lugar cerca de las canteras”. En el siglo IX el término “catacumbas” pasó a designar “cualquier cementerio cristiano subterráneo”. Como bien nos explicó nuestro guía, en las catacumbas no se escondían los cristianos durante las persecuciones, al contrario de lo que se ha visto reflejado en algunas películas.

La red de galerías tiene una longitud de casi 20 kilómetros y la profundidad de las catacumbas es superior a 20 metros. Deben su nombre al Papa San Calixto I, un esclavo que trabajó en las minas de Cerdeña y que, tras ser liberado, llegó a ser diácono y colaborador del Papa San Ceferino. Calixto custodió y fue administrador del cementerio y, después de la muerte del Papa San Ceferino, fue elegido Papa. A los 5 años de su nombramiento murió, su cuerpo fue arrojado a un pozo y se convirtió en mártir.

El hecho de que hoy podamos visitar las catacumbas (del siglo II) es debido en gran parte a Giovanni Battista de Rossi (siglo XIX), al que podemos considerar como el padre de la arqueología moderna cristiana.

En el interior de las catacumbas nos encontramos numerosos símbolos paleocristianos como el pez, que en griego es IXTHYS (IJZÝS) y en vertical estas letras forman un acróstico que dice Jesucristo, Hijo de Dios Salvador; el monograma de Cristo (PX), que son las dos primeras letras de Cristo en griego o el ancla, que representa la esperanza en la promesa de la vida futura.

Catacumbas

Fotos: Raquel Pascual Antón

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